A
fines del siglo XIX, Ameghino acuñó el nombre Pyrotheria
(del griego pyr, fuego, y thêrion, bestia) para designar
a un grupo de grandes ungulados de enormes colmillos
y robustos huesos que descubrió en rocas de ceniza
volcánica en Patagonia. La exhibición Bestias de Fuego
muestra una historia poco conocida protagonizada por
un interesante y heterogéneo grupo de mamíferos herbívoros
a los que denominamos “ungulados nativos sudamericanos”
que habitó nuestro continente durante el Terciario
y parte del Cuaternario. Sólo conocemos de su existencia
a través de los huesos fosilizados que se pueden encontrar
en toda Sudamérica, incluyendo el Perú. Gracias a
los fósiles sabemos que vivieron diversas especies
cuya anatomía parece sacada de un libro de ciencia
ficción. Lamentablemente, al final del Terciario,
el linaje empezó a declinar
Hace 31 millones de años (Ma)
vivió en la zona de Bagua un piroterio de casi 3 m
de longitud y 2.5 toneladas de peso. En esa época,
los andes no eran tan elevados y existía en la zona
un ambiente de estuario. Probablemente se alimentaba
de plantas que crecían en las riberas de un vasto
mar ubicado en lo que ahora es la Amazonía. Los huesos
fósiles colectados corresponden a un maxilar, dientes
aislados y un fémur.
Hace 26 Ma, en la zona de Moquegua
vivieron ungulados nativos en un ambiente relativamente
seco y recorrido por algunos ríos. Sus restos han
sido descubiertos recientemente y constituyen la primera
fauna de esa época conocida en el Perú. Entre ellos
destaca el notoungulado mesotérido Trachytherus. Se
caracteriza por poseer dientes de crecimiento permanente
parecidos a los que presentan los roedores. Los huesos
de las patas anteriores y posteriores muestran que
Trachytherus era un animal cavador. También se descubrieron
restos de la mandíbula de un nuevo notoungulado de
la familia Notohippidae que se ha denominado Moqueguahippus
glicisma. Este era un herbívoro de talla media. Los
litopternos están representados por un animal de cuello
largo perteneciente la familia Macraucheniidae.
En recientes expediciones al
arco de Iquitos y Fitzcarrald se ha descubierto una
gran cantidad de fósiles de vertebrados que incluyen
cocodrilos, tortugas, perezosos y ungulados nativos.
El Synastrapotherium es un ungulado nativo que poseía
grandes caninos y molares de raíz cerrada; las fosas
nasales retraídas indican que habría tenido una pequeña
trompa. Vivía en el denominado mar Pebas, una extensa
superficie de agua de poca profundidad que cubría
la región amazónica hace 15 Ma.
Los fósiles exhibidos pertenecen
a la colección del Departamento de Paleontología de
Vertebrados (DPV) del Museo . Estos importantes descubrimientos
son el resultado de los trabajos realizados por el
DPVM en colaboración con instituciones nacionales
y extranjeras.